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ALEGAS - TAJO DE LOS MACHOS
Por el carril de la Piuca
24'2 km - 1.374 m de desnivel de subida
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22 enero 2006 |
El curro curte el cuerpo para los madrugones. Y creo que ya tengo clara la excusa para cuando me pongan las esposas... 








Como la vida misma. 
Así que me encuentro a las 5:30 de la mañana saliendo de casa para recoger a Ricardo... 

...y a Diego. 

Aunque parezca mentira, tuve que esperar a los dos, que iban justillos de tiempo y de sueño. Menudas perracas. Y de esta guisa que se marcó las 2 horas de coche el Dieguito. 

Partimos para las Alpujarras de noche y ya en el carril de subida a la Piuca se nos van abriendo las vistas: Mulhacén y Capileira. 

Muy pronto tuvimos que poner las cadenas. Alrededor de los 1.500 metros el carril se encontraba ya con este paquetón. 

Y el amanecer empezaba a embrujarnos. 

Aquí vemos a Ricardín inspeccionando el terreno, que ya se encuentra en perfectas condiciones para esquiarlo. 

Conseguimos ascender un poco más, porque estamos lejísimos de donde se deja el coche normalmente.

La claridad nos alcanza y nos embriaga. 

En la última parte se tuvieron que bajar unas cuantas veces, porque ya los bajos del coche iban arrastrando por la nieve. Que por cierto, estaba durísima y completamente transformada.

Damos una curva y vemos que la huella de todoterreno que estábamos siguiendo se acaba. "Menuda mariconada", me dije a mí mismo. Total, que cogí bien el volante y pisé a fondo el acelerador... 
Resultado: empancé el coche en menos de 1 metro... "De aquí no pasamos, queridos". 

Con las primeras luces del día...

...nos empezamos a preparar para una esquiada que promete: estamos a 1.700 metros. 

Dieguito poniendo las pieles a sus esquís.

El amanecer es mágico. El Sol se asoma por encima del horizonte... 

...iluminando nuestras ilusiones. 

La Sierra de Lújar, al fondo, dispuesta a madrugar (foto de Dieguito).

Los haces de luz son detenidos por los cerros y laderas de la Alpujarra, que aún no quieren despertar.

Total, que entre tanta foto y tanto disfrute, cuando me giro veo que estos dos ya han salido. Y ni me han esperado ni ná (foto de Dieguito).

En pocos minutos el Sol sube rápido, iluminando el Veleta. Esa gran masa de pinos es el bosque en donde se encuentra la Casa Forestal de la Piuca (2.250 m). Hemos dejado el coche lejísimos.

La luz lucha por vencer a las sombras en los profundos valles... 

Así se encuentra toda esta zona...

ZOOM
Y carrilada espectacular: 8 km de pista hasta la Piuca (foto de Dieguito).

Seguimos por el carril. Hay nieve más que de sobra para esquiar.

La nieve está muy transformada aquí abajo por los grandes cambios de temperatura entre el día y la noche. Y Ricardo está dispuesto a ofrecer guerra. 

Los mares de nubes nos acompañan casi todos los días esta temporada.

Carril y más carril. Menos mal que hemos decidido salir temprano, porque esto tiene pinta de ser un día largo.

El Mulhacén, a lo lejos, peladito de nieve.

La temperatura es ideal: poco frío y nada de viento. 

A un lado, pinos. Al otro, robles. Somos muy afortunados por poder disfrutar de estos días... 

...esquiando al amanecer por estos lugares.

Y aquella zona es la de Cerrillo Redondo, que por cierto tengo un reportaje pendiente de la semana pasada. 

La arista de los Raspones de Río Seco, imponente. 

Y los pequeños pueblos de las Alpujarras nos conquistan, nos maravillan. 

Dieguito disfrutando...

El carril es largo. Llevamos ya un buen rato, y lo que nos queda.

En esa curva nos pilla Jesús, uno de los dueños de la Piuca y de la empresa Nevadensis. Muy buen chaval con el que echar un ratico mientras el corazón se recupera (foto de Dieguito).

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