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CABALLO - 3.009 m
Tradicional subida en Nochebuena  |
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24 diciembre 2005 |
¿Cómo surgen las tradiciones...? ¿Dónde comienza la magia...? 
Un 24 de diciembre de 2003, perdidos entre el caos de tráfico y la marabunta navideña, se nos ocurrió subir al Caballo a escalar una de las paredes más tranquilas que se puedan encontrar en Sierra Nevada. Y un rayito de luz iluminó mi carcomida mente: pienso venir al Caballo todos los días de Nochebuena. 

Y así se cumplió en 2004... 

Y en 2005, yo me voy al Caballo, como todos los años. ¿A qué? A lo que haga falta. Por variar las archiconocidas rutas de la Loma de los 3 Mojones y las del Nacimiento del Río Dúrcal, nos metemos por la Rinconá de Nigüelas. Somos Oriol, Rai, Santi y el que está currando ahora mismo. 

Las cuerdas las dejamos abajo, pero los esquís los subimos hasta arriba. Por si acaso. Después de ver la realidad de este año, nos decidimos a tirar para arriba a pata. Oriol siguiendo la estela del Rai.

Hay muy poquita nieve, pero el frío inmoviliza todos los riachuelos y nacimientos. 

Al fondo podemos observar la Loma de los 3 Mojones y el carril que hemos tomado para llegar a la Rinconá (foto de Santi).

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Cada uno guarda en su baúl secretos inconfesables. Mi amor por esta montaña, calificada injustamente como "cerro" por los malditos, es conocido por los observadores. Cuando no te tortura con una Mar Mediterráneo centelleante, te engatusa con mares de nubes únicos... 

...dando a las pequeñas cimas caracter de colosos... 

La subida es pausada y, como siempre este día, la magia de las montañas nos transforma en personas tímidas y reservadas... 

...porque cada uno tenemos nuestros propios duendecillos que nos acompañan, interiormente por dentro, enseñándonos a ver las cosas de una manera diferente.

La subida tiene poquísima nieve, y por ahora vamos sin crampones. 

Pararte a esperar a tus compañeros...

No es un pacto consensuado. Ahí detrás hay alguien que nos hace callar nuestra boca para escuchar a nuestra mente. 

Pero no nos deja mirarlo a los ojos, porque dicen que si lo ves, te quedas ciego. 

Y por eso agachamos la cabeza y bajamos la vista...

...sin darnos cuenta que nuestra soledad hacia las pequeñas cosas... 

...nos hace perdernos los grandes detalles. 

Intentamos enfocar el infinito...

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La Sierra de Lújar intenta llamar nuestra atención, saliendo por encima de esas brumas que nos esconden el Mediterráneo. 

Foto de Santi.

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Y pronto comenzamos a ver las rebolondas formaciones cimeras del Caballo. 

Y con ahínco salimos a por su cumbre (foto de Santi).

El día es magnífico. Todo acompaña: buena temperatura, nada de viento... Oriol, Rai y Santi están de acuerdo.

A pesar de no ser necesarios los crampones, todos llevamos el piolet bien cogido, porque en cualquier nevero tonto podemos perder mucho. 

Y como tenemos el día tonto, cada cierto tiempo alguien se detiene y el resto, intrigados, se colocan cerca e intentan adivinar qué es lo que pasa.

Y así de rápido pasa la subida...(foto de Santi).

...y nos plantamos en la cumbre en un periquete. 

Para ir preparando el estómago para la cena, un poquito de refrigerios. 

El Caballo tiene ese toque místico que te hace repetir (foto de Santi).

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