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RUSSELL - 3.207 m |
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Semana Santa 2006 |
El mono de esquí y montaña hace que no hagamos caso a la meteo puñetera que nos anuncian los distintos medios y marcamos rumbo a los Piris con el objetivo de hacer el Russell (3.207 m.) y el Vallibierna (3.067 m). 
Ya cuando vemos el pico de Castejón de Sos nos damos cuenta que la nieve está mucho más arriba de lo pensábamos. 
Llegamos a Benasque. Son las 20:00 y no podemos resistir la llamada consumista de Barrabés. Cualquier excusa es buena para dar gusto a ese subconsciente hedonista y caprichoso que llevamos por compañero. 
Algo bueno tiene que la nieve esté tan alta. Teníamos pensado subir a pata desde la Plan de Senarta hasta el refugio de Llosás y nos encontramos con que la pista es practicable con la furgo prácticamente hasta el refugio. Eso sí, tuvimos que quitar algún meño que otro que nos cerraba el camino.
A las 23:00 ya estábamos en el sobre y el despertador programado para que diera la tabarra a las 5:00. El muy capullo cumplió su misión con disciplina germana y nosotros no le hicimos ni puto caso con desidia y vagancia granaína, que tó se pega. 

Nos ponemos las pieles y pá arriba, que queda mucho día que llenar. 

El Sergi, en una hábil maniobra, dice que sus pieles no tienen adhesivo y que deja sus tablas abajo y sube pateando con unas botas que pesan 2 kilos menos por pié que las nuestras. Listo el chico donde los haya, cómo tendremos ocasión de comprobar. 
A los pocos minutos de salir ya nos tenemos que quitar los esquís por primera vez. Esto no ha hecho más que comenzar: un quita y pon tablas que nos rompe el ritmo continuamente y no nos permite disfrutar. 

Desde luego lo más inteligente hubiera sido cargar los esquís en la mochila, pero no solemos tomar ese tipo de decisiones acertadas. Parece cómo si nos dejáramos las pocas neuronas que habitan nuestro coco abajo, en el valle.

También estamos hasta los huevos de que los esquís unas veces, las raquetas otras y los trastos siempre, vayan tan ricamente en la mochila. 
El macizo del Poset va dejando que el Sol le haga cosquillas. 

Por fin, antes de llegar a la Pleta de Llosás, hay un trecho que nos permite foquear un rato... 

...aunque no sin dar unos cuantos rodeos para buscar la nieve.
En la Pleta, los esquís a la chepa y buscamos con la mirada las zonas con más nieve que nos permitan foquear hasta el Lago de Llosás.

Aquí la nieve está muy dura y tenemos varios resbalones hasta que, como siempre tarde, ponemos las cuchillas a los esquís y la cosa cambia. 

Ya no resbalamos y comenzamos a disfrutar de la jornada (foto de Segio).

El Aneto y sus coleguillas (Cresta de Llosás) nos dan los buenos días. 

Llego al Lago de Llosás. Aquí ya hay continuidad en el manto nevado. La nieve está dura, perfecta para andar. Sergio sí que sabe. 

Detrás de él, el pico Tuca Arnau. 

La temperatura no está subiendo demasiado. Esto nos relaja y perdemos un buen rato haciendo fotos y charlando.



Aquí giramos a la derecha, dirección Este, y nos adentramos en un pequeño valle que nos llevan a las pendientes de la izquierda que sostienen la majestuosa mole rocosa del pico Russell. 

La brecha inferior de Llosás, desde donde se inicia la Cresta de Llosás. Tras una larga y bonita escalada, lleva al Aneto. 

Las pendientes rondan los 35/40º y la nieve está muy dura, así que optamos por quitarnos los esquís y nos ponemos los crampones. 



El Pico Russell cada vez está mas cerca. Vamos cargados como mulas: los esquís, los trastos de escalar...y la cuesta cada vez más pina.

¡¡¡Quién fuera avión...!!!

Esther con el Vallibierna al fondo. Mañana tenemos previsto hacerle una visita y dibujarle unas buenas trazas con nuestros esquís... 

Por fín llegamos al plató que hay bajo el Russell. Dejamos los esquís e iniciamos la parte final de la ascensión. En principio es una vía fácil, prácticamente un paseo. Pero las condiciones de la nieve habían convertido las viras de subida en una trampa múltiple: zonas con nieve podrida y sin base alternadas por placas de hielo negro, duro de poco grosor y huecas... 
He pasado tanto miedo que le digo a Sergio que se encuerden para llegar donde estoy. 

El trecho que nos queda está aún peor y la temperatura es ya muy alta. Nos preocupa el descenso.

El terreno está cada vez más inestable.

Decidimos darnos la vuelta.

Ahora es cuando se dice eso de "este pico no se mueve de ahí" y ese tipo de cosas. 
La verdad es que siempre he pensado que sí, que las montañas "se mueven de ahí...". 
La montaña a la que íbamos a subir hoy ya no va estar nunca. Estará otra, que se llamará igual, tendrá la misma altura y aparecerá en el mismo sitio en el mapa. Pero no será la misma. Lo peculiar de una cima es la relación que establecemos con ella. Y esa relación no es la misma hoy, que ayer, que cualquier otro día que nos dejemos caer por estas paredes. No nos sentiremos igual que hoy, el rollito con los compañeros será distinto ,el viento no será el mismo... 
Heráclito decía "nadie se baña dos veces en el mismo río". Tal vez no exista tampoco dos veces la misma cima. 
A nuestra izquierda la magnífica pala final del pico Tempestades nos recuerda que tal vez hemos elegido mal nuestro objetivo.

Pero bueno, hemos venido a esquiar y el descenso que nos espera no nos lo quita nadie. 

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