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Anda, tira, que nos queda mu poquita luz. Disfruta, que hoy me has pillao de buenas. 

Pronto Grazalema se nos esconde.

La cosa marcha rápida en los últimos largos, muy fáciles.

Aunque nunca hay que descuidar la seguridad, que pa eso llevamos todos estos trastos. 

Raimundo, ¡¡¡qué bien se va de segundo!!! . Esta incrustación... (foto de Marisa).

Pero mira que lo paso bien sin el ruido de la gente y los coches (foto de Marisa).

¿Cuántas reuniones llevamos ya? Vaya usted a saber.

Echar una peoná, que se dice (foto de Marisa).

Y la parte final... (foto de Marisa).

...antes de salir a la cresta que nos lleva a cumbre . La roca, muy disfrutona (foto de Marisa).
Anda, échame una sonrisica, que sabes que me encanta verte feliz. 

Ya estamos, ya estamos casi... (foto de Marisa).

Aunque siempre hay tiempo para el detalle (foto de Marisa).

Cresta final, en ensamble.

Qué tendrá el precipicio, que tanto nos llama. 

Y cumbre en el límite entre la luz y las tinieblas. 

Paseo hasta la cumbre principal.. (foto de Marisa).

...disfrutando de la ténue luz del atardecer. 

Niña, pero si tas desollao. 

La mismitica cumbre del Peñón Grande de Grazalema. 

Momentos para dejarse llevar por los sentimientos, en compañía de una refrescante brisa veraniega. 

Marisa conoce la bajada. Menos mal: estamos salvados. 

Y acertó de lleno. Detrás de ese pino...

Sí, detrás de éste, está la bajada. 

Paseamos por debajo de nuestras ilusiones en tarde de domingo. 

Mañana de nuevo estaremos sentados en el curro, como personas normales. Pero cada día estoy más convencido de que hay algo que no tenemos en común con el resto. 
¿Será esa inquietud que nos tortura por dentro? Quizás solo sea el capuchino... 
Cielo, gracias por estar ahí. 
Manolo, nunca tendremos tu pericia. Nunca tu sentido de la montaña, tu orientación... 

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