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27 de febrero de 2006.
Nos levantamos y partimos sobre las 7:00 hacia el Refugio de Nuevos Horizontes. Durante la subida el día se iba aclarando y nos sorprendieron las bellas vistas de la cima Norte. 
Y entre las nubes, el Sur. 
Mirando en dirección Noreste el Cayambe (5.790 m.), volcán situado justamente en la línea divisoria de los dos hemisferios. 
Continuamos nuestra ascensión.
Curiosas "perdices" de aquellos lares.
Afortunadamente las nubes nos dan tregua por la inmediaciones del Cotopaxi, que se muestra así. 

Ahora el turno del Iliniza Sur, por la cara opuesta a la que intentaríamos ascender al día siguiente. 
Llegados al refugio y tras un descansillo, nos dirigirnos hacia el que sería mi primera cima de más de 5.000 m: el Iliniza Norte. La experiencia de Miguel estaba ya muy por encima de esas cotas. A la salida.
Rampas en las que se metía la niebla.
La subida fue bastante entretenida y tuvimos zona de trepadilla fácil, que lo hacía más divertido.
El pulso se aceleraba rápidamente cuando el esfuerzo era mayor y requería trepar pausadamente, sin prisas.

Aún así en hora y media estábamos en la cumbre del Iliniza Norte disfrutando de las vistas de la niebla. 
¡¡¡El primer 5.000 del viaje!!! 
A la bajada del refugio, haciendo algunas chorradas. Estábamos contentos. 
Adelantamos a un grupillo...
..pues íbamos rapidito, ya que en la cumbre empezó a nevar ligeramente, siendo la nevada más copiosa conforme llegábamos al refugio. Incluso algo inusual por esas alturas, por lo que nos decían los lugareños. La nevada vino acompañada de tormenta con fuerte aparato eléctrico que te ponía los pelos de punta, literalmente. Algunos que subían tuvieron que volverse al ver que el vello y el pelo se le ponían "tiesos". Tras la tempestad, vino la calma (relativa).

En el interior del refugio (cutre donde los haya ) coincidimos con gente que había subido, algunos desde la costa, haciendo el mal de altura estragos entre ellos y nuestras reservas de paracetamol. 
Tras la nevada confiábamos en que el día se abriera para poder ir a echar un vistazo al glaciar que nos tocaba escalar la siguiente madrugada. Dimos el paseillo, pero no veíamos nada, luego la aventura del día siguiente sería toda una sorpresa. 
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